A unos 35 metros bajo las calles del centro de Madrid se encuentra uno de los espacios más inaccesibles y cargados de simbolismo de España. Es la Cámara del Oro del Banco de España, una gigantesca instalación acorazada construida durante la década de 1930 para proteger las reservas de metales preciosos de la institución.
Su historia resulta casi tan extraordinaria como su arquitectura. La cámara quedó terminada en marzo de 1936, apenas unos meses antes del comienzo de la Guerra Civil. Recibió entonces cerca de 700 toneladas de oro, pero buena parte de aquellas reservas abandonaría muy pronto el edificio con destino a Cartagena, Francia y la Unión Soviética.
Décadas después, la fortaleza subterránea continúa en servicio y conserva parte de las reservas españolas. Su fama, sin embargo, ha crecido también gracias a una peculiar medida de seguridad relacionada con el agua y a ficciones como La casa de papel. La realidad es menos espectacular que la televisión, pero probablemente más interesante.
Una fortaleza construida bajo el Banco de España
La Cámara del Oro forma parte de la gran ampliación de la sede del Banco de España en la plaza de Cibeles realizada en los años treinta bajo la dirección del arquitecto José Yárnoz Larrosa.
Yárnoz conocía las grandes instalaciones bancarias europeas de la época y había visitado la caja subterránea del Banco de Francia en París, que sirvió como una de las referencias para el proyecto madrileño.
La idea de construir cámaras a gran profundidad no era casual. Después de la Primera Guerra Mundial, los bancos centrales y las grandes instituciones financieras habían empezado a considerar amenazas que iban más allá del robo convencional. Los bombardeos aéreos, la artillería de largo alcance y el desarrollo de una delincuencia profesional más sofisticada impulsaron la construcción de depósitos extraordinariamente protegidos.
El proyecto del Banco de España fue elaborado en 1932 y la cámara se construyó durante la ampliación del edificio, culminando los trabajos en marzo de 1936.
El resultado fue una instalación de aproximadamente 2.500 metros cuadrados, organizada en seis galerías y situada a 35 metros de profundidad. Según documentación publicada por el propio Banco de España, alrededor de 1.000 metros cuadrados de esa superficie corresponden a los gruesos muros de hormigón.
Pero construirla implicó solucionar un problema considerable.

El agua bajo Cibeles
El terreno presentaba una importante presencia de aguas subterráneas. Excavar una instalación de esas dimensiones y mantenerla permanentemente seca obligó a utilizar soluciones técnicas avanzadas para la época.
Yárnoz contó con especialistas como los arquitectos Pedro Muguruza y Manuel Martínez Chumillas y con el ingeniero Alfonso Peña Boeuf para resolver, entre otras cuestiones, los problemas relacionados con esas aguas.
La dificultad explica una de las características más famosas de la cámara.
Existe un pozo de entrada concebido de manera que puede inundarse con agua para impedir el acceso al recinto en caso de necesidad.
Aquí comienza también una de las leyendas más repetidas sobre el Banco de España.
La cultura popular —especialmente La casa de papel— ha extendido la imagen de una cámara que se llena completamente de agua cuando alguien intenta penetrar en ella. La descripción oficial del Banco de España es bastante más precisa: el elemento inundable es el pozo de acceso, cuya inundación impediría continuar hacia el recinto protegido.
Además, el Banco de España afirma que este sistema nunca ha tenido que utilizarse desde la construcción de la cámara.
Por tanto, la existencia de un mecanismo relacionado con la inundación es real; la imagen de todo el depósito de oro quedando repentinamente sumergido pertenece fundamentalmente a la ficción.
Las enormes puertas de la Cámara del Oro
Uno de los elementos más impresionantes de la instalación son sus puertas acorazadas.
Fueron fabricadas en Estados Unidos por Coffres-Forts York, empresa especializada en este tipo de construcciones y que había suministrado instalaciones de seguridad a importantes instituciones financieras internacionales.
Algunas de las puertas del Banco de España superan las 14 toneladas de peso.
A pesar de que la cámara fue concebida como una infraestructura estrictamente funcional y destinada a permanecer prácticamente oculta, Yárnoz no renunció por completo a la estética. El espacio conserva elementos relacionados con el lenguaje art déco presente en otras zonas de la ampliación del Banco.
La propia institución ha destacado recientemente esa combinación de ingeniería, arquitectura y simbolismo: la Cámara del Oro no solo debía proteger riqueza material, sino transmitir una imagen de solidez e invulnerabilidad.
La ironía histórica es que la fortaleza prácticamente acababa de estrenarse cuando el oro comenzó a salir de ella.

Cerca de 700 toneladas de oro llegaron a la cámara en 1936
Cuando finalizaron las obras, en marzo de 1936, se trasladaron al nuevo recinto cerca de 700 toneladas de oro que componían entonces las reservas del Banco de España.
Era una cantidad extraordinaria.
España había acumulado una importante reserva, especialmente durante los años de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la Cámara del Oro apenas tuvo tiempo de desempeñar la función para la que había sido concebida antes de que el país entrara en guerra.
El 17 y 18 de julio de 1936 comenzó la sublevación militar que desembocó en la Guerra Civil. El territorio quedó dividido y también lo hizo, en la práctica, el Banco de España.
La sede de Madrid permaneció bajo control de la República.
En los meses siguientes, el Gobierno republicano dispuso de buena parte de las reservas para obtener divisas y financiar la adquisición de armamento y otros suministros en el extranjero.
De la Cámara del Oro a Cartagena
En septiembre de 1936 se ordenó trasladar el oro custodiado en Madrid hasta los polvorines de La Algameca, en la base naval de Cartagena.
Desde allí se desarrollaron las operaciones que acabarían dando origen a uno de los episodios más discutidos de la historia económica española del siglo XX: el llamado «oro de Moscú».
Una parte de las reservas se utilizó mediante operaciones realizadas en Francia. Otra cantidad mucho mayor fue embarcada desde Cartagena hacia la Unión Soviética.
La cifra habitualmente documentada para el envío soviético ronda las 510 toneladas de oro.
El episodio ha generado durante décadas interpretaciones políticas, polémicas y relatos contradictorios. Lo que está documentalmente establecido es que el oro fue empleado por el Gobierno republicano para financiar el esfuerzo bélico mediante la adquisición de material, divisas y suministros.
El propio Banco de España resume actualmente este periodo señalando que buena parte de sus reservas de oro fue enviada a Moscú y utilizada para financiar la guerra.
Por ello conviene diferenciar el hecho histórico de algunas simplificaciones posteriores. El traslado no fue un robo clandestino perpetrado contra la cámara por asaltantes desconocidos, sino una decisión del Gobierno de la República en el contexto excepcional de la Guerra Civil. La controversia histórica se centra en la legalidad, gestión, destino y consecuencias de aquellas operaciones, cuestiones que han generado una extensa bibliografía.
La paradoja permanece: una de las cámaras bancarias más formidables de Europa quedó prácticamente vaciada de su principal tesoro pocos meses después de inaugurarse, no porque alguien consiguiera vulnerar sus defensas, sino porque el oro salió por decisión gubernamental.
¿Cuánto oro tiene actualmente el Banco de España?
La situación contemporánea es completamente distinta.
Al cierre de 2025, las cuentas del Banco de España registraban 9,054 millones de onzas troy de oro fino. Como cada onza troy equivale aproximadamente a 31,1035 gramos, la cifra representa alrededor de 281,6 toneladas.
El valor contable a precio de mercado de esas tenencias alcanzaba al finalizar 2025 unos 33.219 millones de euros, debido fundamentalmente a la fuerte subida del precio internacional del oro. La cantidad física de metal no había aumentado respecto al ejercicio anterior.
Pero existe una precisión importante: no todo el oro contabilizado por el Banco de España está físicamente bajo Cibeles.
Una parte de las reservas se conserva en la cámara madrileña y otra permanece depositada en el extranjero.
La propia Colección Banco de España señala, al describir las fotografías de Cristina Lucas realizadas en el recinto, que la cámara contiene miles de lingotes y que el oro almacenado allí representa aproximadamente un tercio del total, mientras el resto se encuentra en depósitos exteriores.
Por ello es incorrecto imaginar que las aproximadamente 281,6 toneladas que figuran en las cuentas de la institución estén apiladas íntegramente bajo la plaza de Cibeles.
Mucho más que lingotes
El interior tampoco está dedicado exclusivamente a guardar lingotes.
La Cámara del Oro custodia asimismo una importante Colección Numismática del Banco de España, formada por monedas y otras piezas que poseen tanto interés económico como histórico.
Parte de esos fondos está relacionada con otro episodio de la Guerra Civil. Después de la salida de las grandes reservas republicanas, diferentes disposiciones obligaron a entregar oro, divisas y determinados valores. A ello se añadieron suscripciones y aportaciones realizadas durante el conflicto.
El resultado es que bajo Cibeles no se conserva simplemente una reserva financiera. También existe un patrimonio material capaz de documentar distintas etapas de la historia monetaria y económica española.
Un lugar que casi nadie puede visitar
La inaccesibilidad ha contribuido decisivamente a convertir la Cámara del Oro en un espacio mítico.
No forma parte de los recorridos turísticos ordinarios y su interior ha sido conocido fundamentalmente mediante fotografías históricas, publicaciones institucionales y accesos muy restringidos.
Precisamente por eso resultan especialmente valiosas las imágenes tomadas en 1936 por Antonio de Zárraga durante las obras de ampliación del Banco. Fotografió galerías, estructuras y puertas acorazadas cuando la instalación prácticamente acababa de entrar en funcionamiento.
Décadas después, la artista Cristina Lucas consiguió fotografiar la reserva para su obra La cámara del Tesoro, convirtiéndose, según la Colección Banco de España, en la primera artista que realizó fotografías en ese espacio.
Estas imágenes permiten observar algo que normalmente permanece oculto: hileras de lingotes colocados ordenadamente en estanterías dentro de una arquitectura que parece haberse detenido en los años treinta.

Realidad y ficción bajo la plaza de Cibeles
La Cámara del Oro reúne casi todos los ingredientes necesarios para alimentar leyendas: toneladas de metal precioso, enormes puertas de acero, galerías enterradas a decenas de metros, agua subterránea y un acceso vedado al público.
Sin embargo, algunos de los detalles más repetidos en internet mezclan información histórica con exageraciones o datos no suficientemente documentados.
Lo que sí puede afirmarse a partir de fuentes del propio Banco de España es considerablemente fascinante por sí mismo.
La cámara está a 35 metros de profundidad. Fue terminada en marzo de 1936. Tiene alrededor de 2.500 metros cuadrados. Sus accesos incluyen puertas de varias toneladas. Existe un pozo concebido para poder inundarse y bloquear el paso. Y nunca ha sido necesario utilizar ese sistema defensivo.
Sobre todo, la cámara continúa desempeñando, noventa años después de su construcción, la función para la que fue concebida.
La Cámara del Oro hoy
La Cámara del Oro sobrevivió a la Guerra Civil, a la transformación del sistema monetario internacional, al abandono definitivo del patrón oro y a profundos cambios en las funciones de los bancos centrales.
Su significado, sin embargo, ha cambiado.
El oro ya no respalda directamente los billetes en circulación como ocurría bajo los antiguos sistemas monetarios, pero continúa siendo un activo de reserva de los bancos centrales por características como su liquidez y su capacidad para actuar como activo refugio.
La fortaleza situada bajo Cibeles conserva así una doble condición.
Es una infraestructura todavía operativa, donde se custodia parte de las reservas españolas, pero también constituye una extraordinaria pieza de patrimonio arquitectónico e histórico.
Y quizá su episodio más sorprendente siga siendo el ocurrido inmediatamente después de su construcción. Fue diseñada para hacer extraordinariamente difícil que alguien pudiera llevarse el oro por la fuerza. Sin embargo, pocos meses después de inaugurarse, cientos de toneladas abandonaron sus galerías debido a una guerra que ninguna puerta acorazada podía detener.
